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jueves, 18 de febrero de 2021

Corrupción: algunos protagonistas

 

Ilustraciones Víctor Solís

1 FEBRERO, 2021

Ricardo Alvarado • Rosa Castañeda • Leonardo Núñez • Leonor Ortiz Monasterio

Pemex: el gran comprador opaco

En noviembre de 2020, una investigación de MCCI, en la que se revisaron 2800 contratos de Pemex por un monto total de 289 000 millones de pesos, reveló que el 90 % de los procesos de compras presentaron anomalías como falsa competencia, alta concentración en un solo proveedor y una clara preferencia por los procesos discrecionales, mediante invitaciones restringidas o adjudicaciones directas.

También se identificaron tres transacciones con una empresa fantasma realizadas desde 2018; 23 transacciones con empresas sancionadas o inhabilitadas, por 978 millones de pesos, y 32 transacciones con empresas de reciente creación, por 11 000 millones de pesos. En muchos de estos casos el problema identificado fue el bajo nivel de competencia en el proceso de contratación, que fue la situación del 41 % de las transacciones.

Los procesos de contratación opacos de Pemex permitieron que la red de corrupción de Odebrecht consiguiera acuerdos por más de 20 000 millones de pesos, como documentó MCCI desde 2017. También su filial Braskem-Idesa consiguió beneficios indebidos, ya que con el proyecto de Etileno XXI logró asegurar por veinte años el abastecimiento y monopolización del gas etano —derivado químico del petróleo— a un precio menor al de mercado. Por incurrir en faltas en la entrega del suministro a Etileno XXI, Pemex generó sanciones por casi 3000 millones de pesos. Fue en diciembre de 2020 que este contrato fue desechado y se canceló el suministro para la petroquímica.

En marzo de 2020 se vinculó a un proceso de responsabilidades al subdirector de operaciones de Pemex Logística por otorgar un anticipo presuntamente ilegal de 27 millones de dólares en el proceso de compra de 700 pipas que nunca se entregaron. En diciembre se reveló que una empresa de Felipa Guadalupe Obrador Olán, prima del presidente, había recibido dos contratos de Pemex por más de 360 millones de pesos. Después de que se hicieron de conocimiento público, las adquisiciones fueron canceladas por la petrolera.

Pemex es uno de los proyectos eje de este gobierno y la empresa productiva del Estado de mayor tamaño. El gasto de la petrolera —637 000 millones de pesos— equivale a la suma del gasto de las secretarías de la Defensa, Marina, Educación Pública, Salud, Gobernación y Comunicaciones y Transporte. Sin embargo, el proceso de contratación pública de Pemex sigue siendo extremadamente opaco y discrecional, por lo que los espacios para que continúe el desperdicio y uso irregular de recursos públicos siguen abiertos.

IMSS: el hermano a modo

La delegación del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Puebla entregó por adjudicación directa, en abril de 2020, un contrato por 101 000 pesos a la empresa Monitoreo de Información y Publicidad para que realizara el servicio de monitoreo de medios de comunicación. De acuerdo con una investigación de Arelí Quintero, Tania Rosas y Mario Gutiérrez Vega, publicada en LatinUs, esta compañía forma parte del corporativo Media Solutions, que es encabezado por Gabino Robledo Aburto, hermano del actual director general del IMSS, Zoé Robledo. El propio funcionario fue director de análisis político de la compañía de 2000 a 2004, posteriormente fungió como director y finalmente salió para dejar a su hermano como el dueño.

Ambas compañías comparten domicilio, correos y logotipo, pero no están en la declaración de conflicto de intereses de Zoé Robledo. En dicho documento se mencionan tres empresas: Digital Media Monitoring, la inmobiliaria familia Robledar y la mezcalera Los Portadores del Elíxir. Además, el director del instituto declaró antes haber sido socio fundador de Gerencia del Poder. Esta última recibió un contrato en 2017 por 34.7 millones de pesos para desarrollar el plan de gobernanza pública, social y empresarial del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, en Texcoco, cancelado por el presidente López Obrador.


El corporativo Media Solutions también recibió dos contratos entre 2019 y 2020. Uno por parte del Banco del Bienestar, cuando estaba dirigido por Rabindranath Sala, y otro del gobierno de Puebla, encabezado por Miguel Barbosa. Estos dos políticos fueron senadores de la República al mismo tiempo que Robledo durante la legislatura pasada.

Después de que se dieron a conocer los contratos, Zoé Robledo declaró que en el IMSS no había ninguna compra hecha a alguna empresa de su familia y que actualmente su único ingreso es su salario como servidor público. Sin embargo, la información pública de los contratos, consultable a través de la plataforma Compranet, muestra que se realizó una adjudicación directa a la empresa Monitoreo de Información y Publicidad en abril de 2020, después de que ya había iniciado la pandemia del coronavirus. Esto significa que la empresa fue invitada directamente por el gobierno para prestar sus servicios, lo que evidencia uno de los múltiples riesgos del uso y abuso de la figura de las adjudicaciones directas como mecanismo de asignación de los recursos públicos.

Liconsa: la corrupción de la ineficiencia

Durante el primer año de gobierno de López Obrador, Liconsa dejó fuera de la distribución de leche subsidiada a 478 000 mexicanos en situación de pobreza, incrementó en 150 % el precio del litro a los más pobres y eliminó de su lista prioritaria de abasto a 67 municipios vulnerables que tenían precio preferencial.

Liconsa es una empresa paraestatal que depende de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural. La compañía se encarga de industrializar y comercializar leche a precios accesibles con el objetivo de apoyar el consumo y nutrición de las personas con menos recursos.


Aunque la meta establecida por la misma empresa había sido atender a 6 350 000 beneficiarios, cifra alcanzada en el último año del gobierno de Peña Nieto, Liconsa reveló que al cierre del 2019 había atendido a 5 871 236 personas. Esta cobertura fue la más baja en diez años de operación. En marzo de ese año, la titular del órgano interno de control de Liconsa reportó estas inconsistencias, que llevaron a una auditoría y a la renuncia del director de finanzas. Asimismo, se optó por aumentar el precio de la leche a los municipios con mayor marginación: pasó de 1 peso el litro a 2.50 pesos.

Además, el padrón de beneficiarios se redujo sin justificación alguna y productores de leche de veinte estados del país denunciaron irregularidades en el proceso de pagos que entrega al organismo de Seguridad Alimentaria Mexicana (Segalmex) por medio de Liconsa.

En agosto de 2020, una investigación de MCCI reveló que Grupo Vicente Suárez 73 S. A. de C. V., empresa fundada por Alejandro Puente, un empresario ligado a actos de corrupción, recibió dos contratos de Liconsa hasta por 4 millones de pesos para abastecer leche por cinco años. Cabe destacar que ni la empresa ni el empresario tienen experiencia en este campo. Debido a las acusaciones por irregularidades, Puente negó ser dueño de la empresa, pese a que al menos 25 medios de comunicación dejaron constancia de lo contrario. El presidente solicitó entonces que el caso fuera investigado por la Secretaría de la Función Pública.

El caso de Liconsa es un ejemplo de las consecuencias de la discrecionalidad por parte de tomadores de decisiones, en las que la promesa de atender primero a la población más pobre y vulnerable del país ha sido dejada de lado.

Ana Gabriela Guevara: corriendo por la nómina

Cuando Ana Gabriela Guevara, exvelocista y medallista olímpica, asumió la titularidad de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), se esperaba una mejor gestión del deporte nacional, con mayor acercamiento y apoyo a los deportistas. Sin embargo, se han interpuesto varias denuncias en contra de la Conade por corrupción y los atletas han señalado la reducción de sus becas.

Durante 2019 se abrieron cuatro expedientes en la Secretaría de la Función Pública, uno de ellos para investigar las operaciones irregulares del Fondo para el Deporte de Alto Rendimiento (Fodepar), utilizado para crear una red de empresas y personas ajenas al deporte y triangular recursos públicos. Una auditoría de la SFP confirmó que con este mecanis- mo se desviaron hasta 30 millones de pesos.

La titular de la Conade ha sido acusada de nepotismo, cohecho, desvío de recursos, extorsión e incluso homicidio en grado de tentativa. En abril de 2020, dos empresarios veracruzanos interpusieron una denuncia ante la Fiscalía General del Estado contra Ana Gabriela Guevara por solicitar el pago de un soborno de 2.5 millones de pesos a cambio de recibir un contrato para el servicio de comedores de la dependencia. Posteriormente, ampliaron su denuncia tras haber sufrido un atentado y sobrevivir a 160 disparos en su contra. Sin embargo, en julio del mismo año los dos empresarios fueron detenidos por presuntamente participar en la desaparición forzada de un operador de Guevara.

 Ana Gabriela Guevara no es la única funcionaria de la Conade acusada de corrupción. María de la Luz Chávez, responsable de Becas y Atención a Deportistas, se benefició de una beca del Fodepar por 35 000 pesos al mes sin ser atleta. El subdirector de Calidad para el Deporte, Israel Benítez, fue destituido por autorizar que siete analistas técnicos, que no eran atletas ni empleados de la Conade, utilizaran el servicio de hospedaje, alimentación y las instalaciones de la Comisión, lo que costó a la institución más de 133 000 pesos. Además, Benítez contrató a su propio sobrino, quien presentó información falsa, para “gestión administrativa”.

La mayoría de las denuncias impuestas contra la Conade siguen en proceso y no han generado ninguna sanción. Aunque se señaló que Ana Gabriela Guevara dejaría el puesto para buscar la gubernatura de Sonora, el presidente aseguró que ella seguirá coordinando el deporte en el país.

El caserío millonario de Manuel Bartlett

Al asumir el cargo de director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), Manuel Bartlett presentó su declaración patrimonial, en la que señaló tener un patrimonio de 51 millones de pesos, ingresos anuales por 11 millones más, así como dos edificios y tres locales. Sin embargo, una investigación de Arelí Quintero, difundida por Carlos Loret de Mola en su sitio electrónico y en su programa de radio Así las cosas, señaló la existencia de veintitrés bienes inmuebles adicionales en las zonas más caras de la ciudad, así como diez empresas propiedad de su pareja sentimental y de sus hijos (algunas de ellas beneficiarias de contratos con el gobierno) y dos empresas en las que participaba Manuel Bartlett. Ninguno fue declarado por el funcionario.

La Secretaría de la Función Pública realizó una investigación al respecto y confirmó que los bienes y empresas efectivamente eran propiedad de quienes se había denunciado, pero “se comprobó que no existen indicios de que sus hijos León Manuel y Alejandra Bartlett Álvarez sean dependientes económicos; mientras que la señora Julia Elena Abdalá Lemus, si bien es su pareja sentimental, entre ambos no existe un vínculo legal de matrimonio o concubinato”. Así, la SFP concluyó que la omisión de hacer públicos dichos bienes con valor de más de 800 millones de pesos no violó ninguna ley.


Sin embargo, diversos medios revelaron que Bartlett y su pareja han mantenido una relación sentimental desde hace más de 20 años y que incluso adquirieron en copropiedad una casa ubicada en los límites de la ciudad y el Estado de México, por lo que la exoneración por parte de la SFP, más que producto de una investigación a profundidad, se fundamentó en una interpretación formalista de la ley. Por otro lado, la SFP tampoco acreditó que su investigación haya sido lo suficientemente exhaustiva como para determinar si los hijos de Bartlett son o no sus dependientes económicos o, en su defecto, si adquirieron los bienes en cuestión cuando tenían el carácter de dependientes económicos.

Al utilizar un tecnicismo legal para exonerar de cualquier responsabilidad a Manuel Bartlett, la SFP perdió una oportunidad única para demostrar que, tal como se señala desde el discurso presidencial, no se permitiría ningún tipo de trato privilegiado a nadie. Tal como casos posteriores evidenciaron, la aplicación de la ley parece ser diferente cuando se trata de personas cercanas al presidente o a su círculo.

Los ventiladores millonarios de León Manuel Bartlett

La pandemia de covid-19 requirió que el gobierno hiciera múltiples compras de emergencia para poder hacer frente a la crisis sanitaria. Varias investigaciones revelaron que equipo médico e insumos necesarios para combatir los contagios y decesos fueron adquiridos en contrataciones que no beneficiaron al gobierno, por el sobreprecio, ni a los ciudadanos, pues los equipos no cumplían con las especificaciones necesarias o llegaban con defectos a los institutos de salud. El caso más notorio de este tipo de contratación fue la compra que hizo el IMSS de veinte ventiladores respiratorios por 31 millones de pesos con una adjudicación directa a la empresa Cyber Robotics Solutions, cuyo dueño es León Manuel Bartlett Álvarez, hijo del actual director de la CFE.

De acuerdo con una investigación de MCCI, la diferencia del precio de ventiladores respiratorios acordado con la empresa de Bartlett fue de hasta 85 % más con respecto a otros equipos adquiridos por el gobierno. Sin importar el alto e injustificable costo de los respiradores, el empresario consiguió contratos con otras dependencias del gobierno como el Ejército, la Marina y el ISSSTE. Precisamente con este último instituto de salud pública la empresa de León Bartlett ganó un contrato por adjudicación directa para proveer equipo de “ultrasonido torácico (portátiles de mesa) para tórax y pulmón” por un monto de 94 900 000 pesos. León Bartlett consiguió, al menos, 162 millones de pesos por contratos —la mayoría por adjudicación directa— con el gobierno actual.


La Secretaría de la Función Pública inició un expediente de investigación a la empresa Cyber Robotics Solutions por la venta de ventiladores respiratorios al IMSS —que levantó un acta de rechazo para devolver los veinte ventiladores, ya que no cumplían con los requerimientos funcionales acordados—. El instituto confirmó el 28 de mayo de 2020 que habían sido suspendidos su titular en Hidalgo, Claudia Díaz Pérez, así como tres funcionarios involucrados en la compra.

El 6 de julio, la SFP dio a conocer dos inhabilitaciones a la empresa por 24 y 27 meses, así como dos multas que suman 2 millones de pesos. De acuerdo con la circular publicada en el DOF, la compañía proporcionó información falsa con respecto a la supuesta disponibilidad inmediata de los ventiladores adjudicados, los entregó tarde y ninguno de ellos cumplió con las especificaciones técnicas contratadas. Sin embargo, el resto de contratos adjudicados y formalizados no se vieron afectados por esta disposición.

Pablo Amílcar Sandoval: impresentable superdelegado de Guerrero

Pablo Amílcar Sandoval fue el superdelegado de Guerrero encargado de los programas sociales del gobierno hasta octubre de 2020, cuando renunció para buscar la gubernatura. Al igual que otros delegados estatales de la Secretaría del Bienestar, tiene una denuncia por uso indebido de recursos públicos para promocionar su imagen. Sin embargo, su caso es distinto que el resto por un factor fundamental: es hermano de Irma Eréndira Sandoval, titular de la Secretaría de la Función Pública (SFP).

Entre los diversos casos controversiales a los que se le vincula, en diciembre de 2019 el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) resolvió que Amílcar Sandoval y otros trece superdelegados hicieron propaganda y promoción personalizada ilícita del presidente López Obrador, violando el artículo 134 constitucional, aunque los delegados replicaron con 39 impugnaciones reclamando tener derecho a difundir su trabajo.


En julio de 2020, se exhibió en medios que Amílcar Sandoval omitió en su declaración patrimonial una finca de 400 m2 en Acapulco. En el mismo mes, el diputado federal Rubén Cayetano amplió la denuncia que había hecho meses atrás contra el superdelegado por promoción personalizada, pues en redes se difundió un video en el que se observa cómo obligaron a beneficiarios de pensiones para adultos mayores a repetir y memorizar el nombre del superdelegado. En octubre, el Tribunal Electoral del Estado determinó que los 32 espectaculares que distribuyó con su imagen y nombre en siete municipios no fueron propaganda anticipada, pero la sentencia se encuentra en revisión.

También se ha criticado el posible conflicto de interés que existe entre Amílcar Sandoval y la SFP. Esta institución ha recibido más de cien denuncias contra los superdelegados, pero sólo ocho han avanzado en el deslinde de responsabilidades. Contra el superdelegado de Guerrero se han registrado cuatro denuncias, una desestimada por falta de elementos y las restantes permanecen en trámite. A pesar de las acusaciones en su contra, Amílcar Sandoval no cuenta con ningún proceso de investigación, mucho menos sanción, de la SFP.

El caso de Amílcar Sandoval representa los beneficios de una figura que concentra la imagen de los programas sociales en una sola persona a nivel local, crea redes clientelares y obtiene ventajas indebidas para contender por las gubernaturas. Aunque las autoridades señalan que existen mecanismos institucionales como la SFP para sancionar acciones ilegales, la falta de control en las actividades de los superdelegados del gobierno federal es evidente.

Carlos Lomelí: impresentable superdelegado de Jalisco

Tras una investigación de MCCI, publicada en mayo de 2019, en la que se señalaron diversos actos de corrupción relacionados con el superdelegado de Jalisco, Carlos Lomelí, la SFP anunció la apertura de siete investigaciones por conflicto de interés, enriquecimiento oculto, cohecho y tráfico de influencias.

Lomelí formaba parte de una red de empresas, de las cuales afirmaba no tener conocimiento, que vendían medicamentos a instancias públicas. Hasta mayo de 2019, el gobierno actual les había concedido contratos por un monto mayor a 164 millones de pesos. Estas compañías simularon competencia entre sí y son dirigidas por al menos once familiares y amigos de Lomelí; además, muchas se ubican en predios de su propiedad.


La titular de la SFP señaló que Lomelí incurrió en conductas sancionadas por la Ley General de Responsabilidades Administrativas, por las que merecería ser inhabilitado para ejercer un cargo público hasta por veinte años y los contratos de las empresas farmacéuticas con el gobierno podrían ser anulados. Lomelí renunció a su cargo, no obstante, en noviembre fue exonerado por el Tribunal Federal de Justicia Administrativa (TFJA) al no encontrar ninguna falta administrativa.

La información pública sostenida durante la investigación fue irregular y poco transparente. Se constató una confusión de fechas en la audiencia del empresario y los responsables de exponer la denuncia nunca acudieron a la audiencia. Finalmente, Lomelí fue declarado inocente hasta no tener mayores pruebas.

En enero de 2020, una de las empresas de Lomelí ganó contratos por 128.6 millones de pesos durante la compra consolidada de medicamentos, gracias a que obtuvo una suspensión definitiva contra la inhabilitación de la SFP. Después que este hecho fue denunciado, Hacienda detuvo la formalización de los contratos y un magistrado federal eliminó la suspensión que permitió a la empresa seguir participando en contrataciones públicas.

Uno de los problemas estructurales que permitió que Lomelí abusara de su puesto como servidor público es la naturaleza misma de los delegados de la Secretaría del Bienestar, que tienen a su cargo una estructura importante de Servidores de la Nación, encargada de la entrega de todos los programas sociales del gobierno federal y cuya operación permite la creación de redes clientelares y de nepotismo. De hecho, el sucesor de Lomelí, Armando Zazueta, también ha sido señalado por múltiples irregularidades al integrar redes de familiares y amigos como Servidores de la Nación.

El compadre de Rocío Nahle

Através de una invitación restringida, Grupo Huerta Madre, una empresa de Arturo Quintanilla Hayek —compadre reconocido de Rocío Nahle, titular de la Secretaría de Energía—, consiguió un contrato por 4968 millones de pesos para acondicionar los terrenos de la refinería de Dos Bocas. Nahle negó la información difundida por diversos medios en mayo de 2020 y señaló que se trataba de mentiras y calumnias. Sin embargo, el contrato disponible públicamente mostraba la adjudicación al consorcio conformado por Van Oord de México y Grupo Huerta Madre.

La normatividad bajo la cual Pemex realiza sus contrataciones se conoce como Disposiciones Generales de Contratación para Petróleos Mexicanos y sus Empresas Productivas. En este marco normativo se estipula que los concursos abiertos deberían ser la vía general de contratación; sin embargo, sólo uno de cada tres contratos es asignado con este mecanismo, como lo demostró una investigación de MCCI.


Una excepción para realizar adjudicaciones directas o invitaciones restringidas corresponde a la urgencia de la adquisición o al alto grado de especialización y experiencia que se necesita para realizar la tarea. Sin embargo, Grupo Huerta Madre se había creado una semana antes de participar en el proceso de contratación y la experiencia previa del empresario Quintanilla Hayek era en bienes raíces, construcción y comercialización de herramientas. Esta compañía tampoco figuraba previamente como proveedora de Pemex o de la Secretaría de Energía.

Se presentaron diversas denuncias ante la Secretaría de la Función Pública por las presuntas irregularidades del contrato entre Pemex y Grupo Huerta Madre, acusando que fue asignado gracias a amiguismos y compadrazgo. Incluso el Consorcio Boskalis, otra de las empresas que acudió a la invitación restringida, impugnó la entrega del contrato a la empresa de Quintanilla Hayek argumentando que carecía de capacidad para realizar los trabajos operativos necesarios, por lo que no cumplía con la idoneidad requerida.

La asignación de este contrato podría violar el artículo 41 de la Ley de Obras Públicas, que exige imparcialidad, idoneidad y honradez en las contrataciones públicas. Se desconoce el avance de la denuncia interpuesta ante la SFP, pero aún no existe ningún tipo de sanción y el contrato continúa vigente.

Funcionarios roban en el Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado

En mayo de 2019, Andrés Manuel López Obrador anunció que el Servicio de Administración y Enajenación de Bienes (SAE) se convertiría en el Instituto para Devolverle al Pueblo lo Robado (Indep) para entregar a la población los recursos obtenidos por la incautación de bienes de la delincuencia organizada y de actos de corrupción. El gobierno hizo énfasis en los lujos de los objetos a subastar y de sus dueños originales, así como la eliminación de intermediarios para entregar esos recursos.

El decreto que hizo oficial el cambio de nombre del SAE fue publicado hasta enero de 2020. Además del cambio de nombre, las confiscaciones de bienes ya no se destinarían a la reparación del daño a víctimas de la delincuencia, sino que serían entregados directamente a comunidades de escasos recursos y también se utilizarían para el financiamiento de programas sociales.


El 22 de septiembre de 2020, Jaime Cárdenas renunció a la dirección del Indep mediante una carta pública dirigida al presidente, en la que denunció la mutilación y robo de joyas que se subastarían, la entrega de contratos para beneficiar a empresas proveedoras en lugar del instituto, manipulaciones en el sistema de las subastas públicas y conductas de servidores públicos contrarias a la ley. El presidente desestimó los señalamientos de Cárdenas al considerarlos un “asunto politiquero”. En posteriores entrevistas, el exfuncionario relató que López Obrador le solicitó destituir a la mitad de los trabajadores del Indep —78 funcionarios— y, aunque elaboró un plan de reducción de personal, no se concretó.

Cárdenas también alertó de otros riesgos que enfrenta el Instituto, como problemas de liquidez para poder pagar sus obligaciones con trabajadores de Ferrocarriles Nacionales, de Luz y Fuerza del Centro y con las empresas proveedoras de los servicios de seguridad y administración de almacenes, así como recursos en poder el Indep cuyo origen es desconocido y que, por lo tanto, no pueden ser utilizados.

En poco más de un año de existencia, aún no son claros los mecanismos para asignar recursos derivados de las subastas por parte del Indep, pues diversas comunidades denunciaron que sólo habían recibido un cheque simbólico de papel que por varios meses no pudieron cobrar. Igualmente, se utilizaron 2000 millones de pesos del Indep para que el gobierno se comprase a sí mismo boletos para la supuesta rifa del avión presidencial, lo que evidencia la arbitrariedad con la que esta dependencia puede ser utilizada.

El secretario del presidente y sus empresas fantasma

Alejandro Esquer Verdugo es el secretario particular del presidente Andrés Manuel López Obrador y su colaborador desde 1996. En 2018 fue secretario de Finanzas de Morena. En su encargo contrató a dos empresas fantasma de acuerdo con una investigación de MCCI.

En febrero de 2018, AMLO encabezó quince actos políticos junto a Miguel Barbosa en Puebla. De acuerdo con los informes presentados ante el INE, Alejandro Esquer contrató a la empresa Ligieri de México para el servicio de logística, alquiler de equipo y lona impresa de cada evento. En conjunto, Morena pagó 546 000 pesos. Quien aparece en los registros públicos como dueña de esta empresa también está en el padrón de beneficiarios de Liconsa. En febrero de 2019, la compañía fue liquidada y en septiembre de 2020 el SAT la declaró empresa fantasma.


Para la precampaña en Puebla, Alejandro Esquer también firmó un contrato por 348 000 pesos con la empresa Estrategia de Negocios y Comercio (ENEC) para el arrendamiento de diez espectaculares en la ciudad de Puebla. A pesar de haber sido pagados, los anuncios no aparecieron en el monitoreo de espectaculares del INE. El supuesto dueño de la empresa era empleado de un despacho contable y la administradora única era una mujer que reside en una colonia de interés social en la periferia de Puebla. Además, la empresa no tenía una ubicación física, sino una oficina virtual. En abril de 2020, el SAT determinó que ENEC era una empresa fantasma.

Existen otras acusaciones contra Esquer Verdugo. Luego de su renuncia del Indep, Jaime Cárdenas señaló que el presidente y su secretario particular esperaban obediencia ciega a sus indicaciones, aunque fuera en contra de la ley. Cárdenas también señaló que Esquer y Ernesto Prieto —entonces director de la Lotería Nacional y ahora del Indep— fueron a un almacén del instituto en Toluca y se llevaron artículos que ya habían sido subastados sin hacer los registros necesarios; también se apropiaron de un yate que la Marina tenía en comodato, argumentando que iban a venderlo, pero no sucedió. Finalmente, la hija de Esquer Verdugo, Carmelita Esquer Camacho, fue nombrada directora de Pemex Procurement International, encargada de las compras internacionales de la petrolera desde Houston, Texas, a pesar de no tener experiencia en dicha materia.

Los familiares incómodos

El 13 de junio de 2019, el presidente Andrés Manuel López Obrador hizo público un memorando que señalaba que no aceptaba que miembros de su familia hicieran negocios con el gobierno. Sin embargo, hasta ahora, tres de sus familiares han sido señalados por cometer presuntos actos de corrupción.

El primero fue su hermano, Pío López Obrador. Apareció en un video, difundido en agosto de 2020 por Carlos Loret de Mola en LatinUs, recibiendo 1.4 millones de pesos en efectivo para la campaña electoral de Chiapas en 2015 de manos de David León Romero. El presidente defendió lo sucedido argumentando que se trataban de “aportaciones voluntarias para fortalecer el movimiento”, a pesar de que en ese momento Morena ya recibía recursos públicos como partido político, que AMLO era el presidente del partido y que esos recursos jamás se declararon al INE, por lo que se trató de financiamiento ilegal.


La segunda fue Concepción Falcón Montejo, esposa de José Ramiro López Obrador, cuñada del presidente y primera síndica del ayuntamiento de Macuspana, Tabasco. En septiembre de 2020, todo el ayuntamiento de Macuspana renunció a sus cargos. Pocos días después, el congreso del estado presentó un reporte que encontró inconsistencias por 223 millones de pesos en faltantes y pagos sin justificar del ayuntamiento. Una de las funciones de la primera síndica es vigilar las finanzas municipales.

José Ramiro López Obrador fue presidente municipal de Macuspana entre 2004 y 2006. En 2010 fue acusado de haber desviado cerca de 40 millones de pesos de un proyecto inmobiliario. En 2018 fue nombrado por el gobernador Adán López como subsecretario de Asuntos Fronterizos, Migrantes y Derechos Humanos, cargo al que renunció para participar en el proceso electoral de 2021.

La tercera fue su prima, Felipa Guadalupe Obrador Olán. De acuerdo con una investigación de Mario Gutiérrez Vega, presentada por Loret de Mola en LatinUs el 3 de diciembre de 2020, durante esta administración Obrador Olán ha participado, a través de la empresa Litoral Laboratorios Industriales, en contratos que suman más de 365 millones de pesos otorgados por Pemex. Un par de días después, en un comunicado difundido por Twitter, Pemex reconoció la existencia de una omisión en las asignaciones; anunció el inicio de una investigación y la rescisión de los contratos; también señaló que la prima del presidente fue advertida de no continuar interviniendo en las licitaciones desde diciembre de 2019, pero insistió en hacerlo durante 2020.

En 2019, López Obrador aseguró que no hay “negocio jugoso” que no se haga sin el visto bueno del presidente, pero parece que, cuando se trata de sus familiares, todo es diferente.

El fraude de Morena con el sismo

Seis días después del terremoto del 19 de septiembre de 2017, Andrés Manuel López Obrador —en ese momento, presidente de Morena— adelantó que su partido donaría la mitad de sus recursos a los damnificados y anunció la constitución del fideicomiso Por los Demás y también invitó a los ciudadanos a que depositaran en este fondo. El problema de esta medida es que los partidos políticos no pueden entregar dinero a las personas. Por eso, el INE ofreció que los partidos regresaran parte de sus recursos a Hacienda para que ésta pudiera destinarlos a los damnificados, pero Morena rechazó este camino.

De acuerdo con la investigación hecha por el INE, más del 44 % de los recursos de este fideicomiso provinieron de depósitos en efectivo, a pesar de que estaba claramente prohibido en el contrato del fideicomiso. Los depósitos eran realizados por grupos pequeños de personas que se formaban varias veces en una misma sucursal. Además, es claro que quienes operaban este fondo estaban estrechamente ligados a Morena: 84 % de los aportantes identificados eran legisladores de ese partido —los tres principales fueron Rocío Nahle, Ana Gabriela Guevara y Manuel Bartlett—. De las 70 personas que recibieron cheques para supuestamente entregar los apoyos, 56 pertenecían al partido.




Con base en estos hallazgos, el INE determinó imponer una multa al partido por 197 millones de pesos, 2.5 veces lo reportado en el fideicomiso. Sin embargo, el Tribunal Electoral decidió revocar el caso lisa y llanamente, argumentando que el INE no agotó la investigación, fue indebida la fundamentación y motivación de la sanción y violó los derechos de audiencia de la parte acusada. Tanto la investigación del INE como la defensa de Morena ante el Tribunal Electoral señalaron que el fideicomiso Por los Demás no recibió recursos del partido, es decir, Morena no donó un solo peso de sus prerrogativas a los damnificados.

Durante 2020, el presidente empujó la desaparición de 109 fideicomisos públicos al acusarlos de espacios opacos que propician actos de corrupción. No obstante, en 2018 tras la revocación de la multa por parte del Tribunal Electoral, López Obrador seguía convocando a la gente a depositar en el fideicomiso con el que Morena prometió apoyar a los damnificados por los terremotos, pero que resultó no ser de Morena.

Las empresas fantasma del periódico de Morena

En 2016, Jesús Ramírez Cuevas, actual vocero de la Presidencia de la República, fungía como vocero del entonces candidato Andrés Manuel López Obrador, además de ser el editor del periódico de Morena, Regeneración. Desde esa posición, Ramírez contrató los servicios de la empresa Benefak S. A. de C. V. para imprimir la publicación del partido.

El nombre de esta empresa fue controversial desde antes de las elecciones de 2018, pues una investigación periodística señaló que había recibido 58 millones de pesos por parte del Comité Estatal de Morena en Tabasco para la impresión de 20 000 ejemplares del periódico. Las facturas de dicha transacción formaban parte de una investigación de la Unidad de Fiscalización del INE. Jesús Ramírez respondió que la empresa sí había sido contratada, pero que el monto pagado había sido de 58 000 pesos.


El SAT inició una investigación sobre esta empresa desde julio de 2018, pues sus operaciones indicaban posibles irregularidades. Los visitadores del SAT acudieron al domicilio de la compañía, pero no lograron encontrar la empresa. Después de un año de procedimientos administrativos, la autoridad hacendaria determinó que Benefak S. A. de C. V. era una empresa fantasma.

Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad localizó y visitó a quien aparecía en los documentos públicos como la dueña de Benefak: Donají Corrales Ramírez, una mujer de bajos recursos que vive en una casa de láminas y cartón en la región de La Cañada, en Oaxaca. La presunta dueña se mostró sorprendida y dijo no conocer a ninguna de las personas mencionadas en el acta constitutiva. Ella sospecha que sus datos personales pudieron haber sido extraídos al inscribirse al programa Prospera. Esta empresa ha facturado más de 70 millones de pesos en un año como proveedora de los gobiernos de Puebla, Tabasco, Quintana Roo y Tlaxcala. En esta última entidad, el órgano de fiscalización local había identificado desde 2016 que Benefak era una empresa fantasma.

Las empresas fantasma han sido utilizadas por todos los partidos como un mecanismo para desviar recursos e incluso siguen recibiendo contratos por parte de la administración actual. Sin embargo, este caso demuestra que estas empresas también fueron utilizadas por el equipo más cercano al presidente López Obrador.

Coordinado por Jorge Andrés Castañeda Morales, director de la Unidad de Investigación Aplicada de MCCI. Las fichas fueron elaboradas por Ricardo Alvarado, Rosa Castañeda, Leonardo Núñez y Leonor Ortiz Monasterio, integrantes de la Unidad de Investigación Aplicada de MCCI

Fuente: https://www.nexos.com.mx/?p=52838


















lunes, 26 de octubre de 2020

Covid-19: Balance catastrófico

Ilustraciones: Víctor Solís
 

1 OCTUBRE, 2020

Julio Frenk • Octavio Gómez Dantés

La pandemia de covid-19 en México aún no está bajo control porque el gobierno al principio actuó como si su presencia fuera un asunto menor y después ha tomado una serie de malas decisiones que no han hecho más que complicar la situación. A esto se suman las consecuencias del desmantelamiento del sistema de salud. Julio Frenk y Octavio Gómez Dantés hacen la crónica detallada de esta crisis que sigue sumando muertes.

México es el cuarto país con más muertes por covid-19 en el mundo, sólo superado por Estados Unidos, Brasil y la India. Es el octavo país con mayor número de casos de esta enfermedad y casi 20 % corresponden a trabajadores de la salud, el porcentaje más alto del mundo. Aun sin tomar en cuenta el elevado grado de subregistro, los casos y muertes siguen en ascenso. De acuerdo con el más reciente análisis del Instituto para la Medición y las Evaluaciones en Salud —fuente de las proyecciones más utilizadas en el mundo—, de seguir la tendencia actual, para enero de 2021 se habrán producido en México entre 130 000 y 157 000 decesos por covid-19, dependiendo de las políticas en torno al uso de cubrebocas y el grado de movilidad de las personas. Aun en el mejor escenario, se anticipa que para finales de año el covid-19 será la primera causa de muerte en el país, por encima de las causas más comunes, como los problemas cardiovasculares, la diabetes, el cáncer y, desde luego, la violencia. Esto representa un dramático retroceso, pues hace por lo menos 30 años que una enfermedad infecciosa no se ubica dentro de las cinco principales causas de muerte y 45 años desde que una enfermedad de este tipo no encabeza la lista.

Esta dramática situación no es producto de la naturaleza, que se ensañó con nuestro país, sino resultado de malas decisiones en el manejo de una pandemia que de haberse enfrentado de manera oportuna, inteligente y agresiva ya estaría bajo control. Hay varios ejemplos de países con niveles de desarrollo similares al nuestro o incluso menos desarrollados que ya lograron controlar esta contingencia, como Camboya, Sri Lanka, Tailandia y Uruguay. Hay países en vías de desarrollo con una población parecida o mayor a la nuestra que están en mucho mejor situación y que cuentan sus muertes en miles y no en decenas de miles, como Bangladés (4281 muertes por covid-19), Egipto (5421) y Filipinas (3558). Incluso el argumento de que la alta prevalencia de diabetes en México explica el elevado número de muertes por covid-19 se viene abajo cuando nos comparamos con Pakistán, uno de los países más pobres del mundo. México, con una población de 128 millones de habitantes y una prevalencia de diabetes mellitus en adultos de 13.5 %, presentaba, a finales de agosto, 65 000 muertes por covid-19, mientras que Pakistán, con una población de 220 millones de habitantes y una prevalencia de diabetes mellitus en adultos de 19.9%, sólo contabilizaba 6294 decesos por esta causa, diez veces menos que nuestro país.

El pobre desempeño de México en la lucha contra la pandemia de covid-19 se vio agravado por una torpe restructuración del sistema de salud que tendrá enormes consecuencias negativas en la salud y la protección financiera de la población mexicana.

El primer caso de covid-19 en México se diagnosticó el 28 de febrero. Unos días antes, China había anunciado que atravesaba por la emergencia sanitaria más importante de los últimos cincuenta años, Corea se había declarado en alerta máxima, Estados Unidos había prohibido la entrada a su territorio a cualquier extranjero que hubiera estado en China en las semanas previas y el gobierno de Italia había puesto en cuarentena a varias ciudades del norte del país. En más de treinta países ya se habían identificado casos de la nueva enfermedad y la Organización Mundial de la Salud (OMS) había anunciado que los brotes de coronavirus muy posiblemente se convertirían en una pandemia.

 pesar de esta alarmante información, el gobierno mexicano optó por trivializar la presencia de la infección en el país, lo que en los hechos significó desechar la estrategia de contención que tan buenos frutos habría de generar en países como Corea del Sur y Nueva Zelanda. Las autoridades de salud afirmaron, erróneamente, que el arribo del virus a México no representaba un peligro porque la letalidad de la nueva infección era mucho menor que la de la influenza estacional. “Seguirán los abrazos y el contacto con la gente”, concluyó el presidente en su conferencia matutina del 29 de febrero.

El 9 de marzo las autoridades de Italia pusieron en cuarentena a todo el país y Francia prohibió las concentraciones de más de mil personas. Tres días después la OMS anunció que se había alcanzado el nivel de pandemia. Estados Unidos canceló sus vuelos a Europa. Los índices bursátiles, las divisas y el precio del crudo se colapsaron.

“En medio de esa convulsión”, señaló Héctor Aguilar Camín, “el gobierno de México [fue] el adalid de la serenidad: se aprestó fundamentalmente a no hacer nada”. No se suspendieron las giras presidenciales ni los partidos de futbol ni los conciertos. Los bares y centros noctur-nos siguieron abiertos. Las autoridades federales de salud consideraron innecesario organizar una agresiva campaña de información, un extenso operativo de detección y aislamiento de casos, y un llamado al “distanciamiento social”, como lo recomendaba enfáticamente la OMS. El gobierno de Ciudad de México decidió no cancelar los eventos masivos de alto impacto económico, como Vive Latino, que reunió durante dos días consecutivos y en estrecho contacto a 70 000 jóvenes en el Foro Sol. También guardó silencio sobre el éxodo de cientos de miles de habitantes de la capital del país a las zonas turísticas el fin de semana del 13 al 16 de marzo. Acapulco e Ixtapa/Zihuatanejo registraron esos días una ocupación hotelera de más de 90 %.

El 14 de marzo había en México casi cincuenta casos confirmados de covid-19. Se anticipaba ya el ingreso a la “fase de dispersión comunitaria”. El gobierno anunció el adelanto de las vacaciones de Semana Santa y la cancelación de los eventos con más de 5000 asistentes. Parecía el inicio de una nueva estrategia de combate a la pandemia. Al día siguiente, sin embargo, el presidente apareció en dos eventos masivos en Xochistlahuaca y Cuajinicuilapa, Guerrero, repartiendo saludos de mano y besos a gente del pueblo y frivolizando de nuevo la contingencia: “Las pandemias no nos van hacer nada”, declaró. Al día siguiente, el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud salió en su defensa cuando una periodista cuestionó en la mañanera su comportamiento del día anterior: “La fuerza del presidente es moral, no es una fuerza de contagio”, sentenció para la historia.

El 17 de marzo, la Coparmex solicitó que se convocara urgentemente a una reunión del Consejo de Salubridad General (CSG), un órgano colegiado con rango constitucional, que depende directamente del presidente de la República y fue diseñado específicamente para lidiar con crisis sanitarias. Diversos analistas exigieron la adopción de medidas más agresivas y una declaración de emergencia sanitaria.

La respuesta del gobierno federal a estos llamados fue irresponsable y, de nuevo, tardía. El presidente siguió asumiendo el mismo comportamiento de cercanía física con la gente en sus giras. En la ciudad de Oaxaca transmitió un mensaje minimizando otra vez la gravedad de la pandemia e invitando a la gente a salir a comer a fondas y restaurantes para así fortalecer la economía popular. La organización Human Rights Watchcondenó públicamente su comportamiento. Fue hasta la tercera semana de marzo que las autoridades de salud convocaron una Jornada Nacional de Sana Distancia y hasta la última semana de ese mismo mes fue que se hizo un llamado a quedarse en casa: treinta días después de identificado el primer caso de covid-19 en el país. El 31 de marzo se convocó por fin al CSG y ese día se hizo también la declaratoria de emergencia sanitaria. Las responsabilidades operativas, sin embargo, se delegaron a los estados, cuando los manuales de manejo de epidemias indican que es necesario desarrollar una respuesta unificada en el nivel nacional para coordinar la toma de decisiones. La falta de un mando central efectivo y los desacuerdos con los estados han sido dos de las características más notables de esta contingencia. El gobierno federal, además, siguió ignorando los llamados de la OMS a utilizar masivamente las pruebas para la identificación y aislamiento de los casos y sus contactos, a las que se calificó de “desperdicio de tiempo, de esfuerzo y de recursos”. Las autoridades de salud descartaron también el uso del cubrebocas como medida adicional para controlar la transmisión de la infección. Todavía en junio, el vocero de la pandemia afirmó: “Sigue sin existir evidencia científica de que su uso generalizado realmente tenga un impacto positivo para reducir los contagios”. Decenas de artículos científicos desmentían sus dichos.


La Jornada Nacional de Sana Distancia concluyó el 29 de mayo. Ese mismo día se hizo un muy prematuro llamado a la reapertura de actividades y al regreso a una “nueva normalidad”, señal indiscutible de la subordinación del manejo de la pandemia a los imperativos políticos. En contra de lo que habían hecho los países que ya habían controlado la pandemia y lo que sugería la OMS, las autoridades federales llamaron a retomar la vida productiva cuando el número de casos, hospitalizaciones y muertes por covid-19 iba en aumento acelerado.

A finales de agosto todos los números oficiales habían alcanzado niveles alarmantes: 600 000 casos y 64 000 decesos por covid-19. Esa cifra de muertes la había utilizado el 4 de junio el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud como propio de un “escenario catastrófico”. Pero la Secretaría de Salud ha descartado modificar la estrategia de combate a la pandemia e insiste en defender su supuesta efectividad. El 26 de agosto el presidente llegó al extremo de calificar como “logro” de su administración el control de la pandemia. “Hemos llegado a la catástrofe y nuestras autoridades, obcecadas y vanidosas, no son capaces de admitir un solo error”, escribió en Reforma Jorge Volpi.

Como agravante adicional, la pandemia se produjo en pleno proceso de desmantelamiento del sistema de salud de México, después de cinco años de descenso continuo del presupuesto de la Secretaría de Salud, seguidos de la desaparición del Seguro Popular a partir de enero de 2020.1 En una tétrica coincidencia, el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) hizo su desastroso debut justo en el momento en que se anunciaba al mundo el surgimiento del nuevo coronavirus. Este instituto, que recentralizó la prestación de servicios de primer y segundo nivel para la población sin seguridad social en veinte entidades federativas, nació sin diagnóstico y sin diseño y arrancó sin reglas de operación. Como director general se nombró a un funcionario carente de experiencia en la operación de servicios de salud.

A ello se suma la impericia gerencial de la actual administración federal que, a casi dos años de haber entrado en funciones, no ha sido ni siquiera capaz de establecer un mecanismo mínimamente confiable de compra y distribución de medicamentos e insumos para la salud, lo que se ha reflejado, entre muchas otras cosas, en un preocupante desabasto de vacunas y medicamentos oncológicos. Si queremos una imagen numérica del retroceso respecto al llamado periodo “neoliberal”, baste apuntar a la epidemia paralela de sarampión, una enfermedad altamente contagiosa que había sido controlada gracias a los avances del Programa Universal de Vacunación instaurado en ese periodo. Mientras el covid-19 ha acaparado la atención, nuestro país ha registrado, en lo que va de 2020, 172 casos de sarampión, casi el mismo número que los acumulados a lo largo de los veinte años previos.

Las deficiencias afectan todos los aspectos de la operación del sistema de salud. Para atender la demanda de servicios vinculada a la pandemia, las autoridades federales de salud lanzaron, a finales de marzo, un plan de reconversión hospitalaria mal concebido y ejecutado. Los hospitales públicos, la mayoría carentes de personal especializado, equipo básico de protección para los trabajadores de la salud, medicamentos y otros insumos —producto todo ello de los recientes recortes presupuestales, la torpeza administrativa y la tardía respuesta a la pandemia—, no han podido atender de manera efectiva la demanda de servicios asociados a covid-19 y han tenido que posponer la atención de los pacientes con otras morbilidades, lo que ha dado lugar a un exceso de mortalidad por otras causas que todavía está por cuantificarse. Un artículo publicado por The New York Times el 10 de agosto documentó el temor que sienten los mexicanos a atenderse en hospitales públicos, cuya calidad se ha deteriorado notablemente en los últimos meses, a pesar de los heroicos esfuerzos de los trabajadores de la salud. De hecho, la mortalidad de los pacientes con covid es tres veces mayor en los hospitales del IMSS (44.6 %) que en los hospitales privados (15.7 %). Además, la gran cantidad de muertes que se han producido en el hogar como resultado, entre otras cosas, de este temor, no se están incorporando a los informes oficiales. Esto explica en parte el alto nivel de subregistro de decesos por covid-19 que hay en México. De acuerdo con Mario Romero Zavala y Laurianne Despeghel, que han hecho estudios sobre el exceso de mortalidad en 2020, la cifra de muertes por esta causa podría ser hasta cuatro veces superior a la reportada por la Secretaría de Salud.

A la desaparición del Seguro Popular y el incompetente manejo de la pandemia se sumaron los recortes a la estructura de la Secretaría de Salud y la reubicación de diversas agencias autónomas dentro de las áreas centrales de este ministerio. Destacan en este sentido la reciente desaparición de la Subsecretaría de Integración y Desarrollo (SSID), la incorporación de la Comisión Federal de Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) a la Subsecretaría de Prevención y Promoción de la Salud (SPPS) y la posible reubicación del Consejo de Salubridad General (CSG) dentro del Insabi.

La decisión de recentralizar los servicios de salud para la población sin seguridad social mediante la creación del Insabi ha debilitado las tareas de rectoría, que incluyen el diseño del sistema, la planeación estratégica, la regulación de la atención a la salud, la regulación sanitaria y la evaluación del desempeño. Ésta es la actividad medular de un ministerio nacional de salud. El debilitamiento se debe al hecho de que los funcionarios de la Secretaría de Salud federal están ocupando la mayor parte de su tiempo en la operación de los servicios de salud de primer y segundo nivel de las entidades federativas, que hasta 2019 era responsabilidad de los Servicios Estatales de Salud. Esto habrá de agudizarse con la reciente desaparición de la SSID. Las áreas de planeación, evaluación del desempeño y calidad, que habían sufrido importantes recortes presupuestales en los últimos cinco años, serán relegadas y algunas de ellas anuladas por completo. Gran parte del personal, que había hecho acopio de valiosas capacidades técnicas, será liquidado. La Secretaría de Salud se concentrará de manera creciente en la prestación directa de servicios médicos y de salud pública, pero estas dos tareas se desempeñarán de manera reactiva y sin el apoyo de un sólido aparato de inteligencia. Esto empobrecerá notablemente el desempeño del sistema de salud, lo que se reflejará en el diseño de propuestas estratégicas, la calidad y seguridad de la atención a la salud, y la rendición de cuentas. Más de tres décadas de inversión en el desarrollo del capital intelectual de la Secretaría de Salud están en riesgo de perderse en un ominoso salto para atrás a los tiempos de la vieja Secretaría de Salubridad y Asistencia.

Un síntoma de tal retroceso es la reubicación de la Cofepris en la SPSS, con dos riesgos básicos, su burocratización y su desprofesionalización. El sector salud es uno de los ámbitos de mayor intensidad regulatoria. Se estima que los sectores de la economía que regula la Cofepris representan no menos del 10 % del PIB. Para proteger la salud y promover la actividad económica es necesario vigilar y controlar los riesgos ambientales y laborales; garantizar la inocuidad de los alimentos, bebidas y servicios, incluyendo la publicidad, y certificar la seguridad y eficacia de los medicamentos, vacunas, equipos médicos y otros insumos para la salud. Estas actividades regulatorias también se han vuelto críticas para el comercio internacional, debido al creciente uso de las barreras no arancelarias —la mayoría de las cuales son de naturaleza sanitaria— para adquirir ventajas competitivas. Para llevar a cabo estas complejas funciones de manera efectiva se requieren agencias autónomas y técnicamente especializadas. En todos los países de la OCDE, la regulación de la salud está en manos de cuerpos independientes del ministerio de salud nacional. Por estas razones, en 1983, el secretario Guillermo Soberón transformó la obsoleta Dirección General de Control de Alimentos, Bebidas y Medicamentos en una Subsecretaría de Regulación Sanitaria. Este proceso de modernización culminó en 2001 con la creación de la Cofepris, que se estableció como un órgano desconcentrado de la Secretaría de Salud con autonomía técnica, administrativa y operativa.

La degradación administrativa de la Cofepris supone un regreso a los años setenta del siglo pasado, la pérdida de la necesaria independencia de esta agencia y su probable desprofesionalización. Ahora las decisiones en materia de regulación estarán sujetas a una lógica política, como sucedía en los tiempos del partido de Estado y como sucede con la pandemia actual. Los cuadros de esta agencia técnica serán sustituidos, como ha pasado en otras áreas, por funcionarios ideológicamente afines a este gobierno, pero carentes de las habilidades profesionales y la experiencia necesarias. El menosprecio de la actividad regulatoria, tan propio de los regímenes neoliberales, debilitará el control de riesgos, entorpecerá el acceso a todo tipo de insumos para la salud y contribuirá a ahuyentar aún más la inversión productiva.

Finalmente está la amenaza de reubicar el CSG en el Insabi. Este consejo es un órgano con poderes cuasilegislativos cuya función principal es coordinar las acciones del gobierno en casos de amenazas críticas a la salud de la población. La intención del Congreso Constituyente con su creación fue proteger los derechos individuales y garantizar, al mismo tiempo, una acción eficiente en situaciones de crisis sanitarias. Si las decisiones se dejaban sólo en manos del Ejecutivo, se corría el riesgo de que éste abusara de las crisis para suspender caprichosamente las garantías individuales. Si se dejaban únicamente en manos del Congreso, se corría el riesgo de que la respuesta a las crisis fuera tardía. Fue así como se creó este órgano intermedio que tiene la facultad de restringir temporalmente las garantías individuales ante una emergencia sanitaria. Su incorporación a una dependencia de la Secretaría de Salud rompería este fino equilibrio en favor del Ejecutivo —muy posiblemente la intención de la actual administración— y debilitaría la toma de decisiones colegiadas que caracteriza al Consejo, tan útil no sólo en casos de crisis sanitarias sino también en asuntos que requieren de la deliberación de diversos actores, como la definición del Cuadro Básico de Medicamentos del Sector Público. Su reubicación, sin embargo, será difícil, pues exige de enmiendas constitucionales que requieren del voto de dos terceras partes del Congreso.

Habrá quien piense que esta restructuración es producto de profundas reflexiones que buscan concretar una visión estratégica ambiciosa. Pero no es así. Las autoridades de salud del actual gobierno no cuentan con las capacidades para desarrollar un proyecto estratégico y están más bien respondiendo como pueden a pugnas internas y a la exigencia de recortar áreas para liberar los recursos que requiere el puñado de proyectos prioritarios del presidente de la República. El resultado final es una Secretaría de Salud disminuida, rebasada por la pandemia y por la responsabilidad de coordinar la prestación directa de servicios personales de salud para la población sin seguridad social en por lo menos veinte entidades federativas, debilitada en su capacidad rectora y en conflicto continuo con diversas secretarías estatales de salud. Abundan las señales que indican que la actual administración de dicha secretaría no podrá cumplir con sus obligaciones y que, a menos que se enmiende el rumbo, éste será un sexenio de franco retroceso para la salud.

Para evitar que dicho retroceso se extienda al orden democrático, es crucial que los ciudadanos, la comunidad científica y los medios de comunicación pidan cuentas a las autoridades de salud. Se les requerirá que expliquen las causas de los inadmisibles subregistros de casos y decesos por covid-19, y que respondan por los miles de muertes evitables que produjo el retraso en la respuesta inicial a la pandemia y las que está produciendo la defectuosa respuesta en curso. Se les exigirá asimismo que justifiquen la desaparición del Seguro Popular y su Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos, los incomprensibles recortes recientes a la estructura de la Secretaría de Salud y la pérdida de la autonomía de agencias como la Cofepris. En ese proceso, sería recomendable que se exigiera también la cancelación de los cambios destructivos a la Ley General de Salud que dieron origen al Insabi. El objetivo de esta medida no sería restablecer el Seguro Popular, sino caminar hacia la construcción de un sistema universal de salud parecido al de Canadá, el Reino Unido y los países escandinavos, como lo propuso el propio presidente al inicio de su mandato. Esto implicaría incrementar el gasto en salud por lo menos al nivel promedio de los países de América Latina (7.5 % del PIB), crear un Fondo Universal de Salud —que permitiría ofrecerles a todos los mexicanos un mismo paquete de servicios de salud integrales y de alta calidad con protección financiera—, garantizar la prestación plural y descentralizada de los servicios de salud y reconstruir nuestro debilitado sistema de vigilancia y control epidemiológico para proteger como se debe a la población mexicana en la próxima pandemia.

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Julio Frenk

Rector de la Universidad de Miami y exsecretario de Salud de México (2000–2006).

Octavio Gómez Dantés

Investigador del Instituto Nacional de Salud Pública de México.

1 El proyecto de presupuesto 2021 enviado al Congreso contempla un presupuesto para la Secretaría de Salud (ramo 12) de 145 415 millones de pesos, superior en 12 000 millones de pesos al presupuesto 2020 (133 246 millones de pesos). Sin embargo, a este presupuesto se le están agregando recursos “reciclados” del desmantelado Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos, componente del Seguro Popular que solía financiar la atención de padecimientos como el cáncer, cuya cobertura ha disminuido. Tales recursos se acumularon durante administraciones anteriores y por lo tanto no deben contabilizarse como asignaciones adicionales. Su monto podría ascender hasta 33 000 millones de pesos. En ese caso, la asignación real de esta administración a la salud en 2021 sería de aproximadamente 112 415 millones de pesos, que representaría una reducción de casi 16 % respecto del presupuesto de 2020, y esto sin contar el efecto de la inflación. Ello significa que el presupuesto para la Secretaría de Salud se estaría reduciendo por sexto año consecutivo.

Fuente: https://www.nexos.com.mx/?p=50282

 



lunes, 25 de noviembre de 2019

Quirino Ordaz llama a los productores a conservar la calma


Calma

Por Jorge Luis Montiel

El gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz Coppel, llama a la calma. Luego de la fallida presión que realizaran, líderes agrícolas del sector social y privado de Sinaloa, que buscaban que se modificara el presupuesto por el orden de los 30 mil millones de pesos, lo cual no lograron y, ante el cierre de pinzas de los legisladores morenistas para no moverle ni una coma a la propuesta de AMLO, ahora sale el gobernador a llamar a la calma. Se siente algo parecido a un frustrado consuelo.

Quirino Ordaz argumenta que no todo está en el presupuesto, “por lo que será decisiva la dinámica de gestión directa con las dependencias.” Es decir, de la puerta ancha que antes tenían hoy sólo les dejaron una sola ventanilla llamada Segalmex. Acepta el mandatario que “ya no es como antes y que el esquema ya cambió” y lo que no viene en el presupuesto, está en otra cancha.

Es decir, vienen días de negociación y la ruta de estas, lamentable, no serán las que marque el gobernador, sino las que están obligados a respetar. Difícil que la ventanilla de partes de Segalmex se abra más allá de la subgerencia del ramo, ni siquiera se abrirá la ventana del director general, Ignacio Ovalle Fernández, lo dudo. A lo mejor un “tortivale” de triste memoria puede haber ahí escondido.

En el boletín de prensa el gobernador sólo alcanza a rescatar “las tasas de interés-que a decir del mandatario- vienen más bajas”, de ahí en adelante nada, bueno, salvo lo que logre colarse por la rendija de la ventanilla de Segalmex.

De las presiones políticas, olvídense. Si algún productor o líder social piensa armar la protesta no llegará muy lejos, no creo que cuenten con el apoyo oficial de gobierno. El año del 2020 da solamente para mantener la calma y el único recurso que le queda al gobernador es concentrar el poder del estado y administrar la carencia, los tiempos de la abundancia ahora están en otras manos, ellos van a distribuir los recursos con mucha calma…#HablandoFuerte #La300



martes, 1 de octubre de 2019

Bartlett y Julia, más que un romance




EXCLUSIVO ADELANTO DE LIBRO

Bartlett y Julia, más que un romance

JOSÉ MARTÍNEZ M.*

(Fragmento del libro Los claroscuros de Manuel Bartlett; poder, corrupción e impunidad)

-Lo sé, lo tengo claro, hasta el último día de mi vida los periodistas van hablar mal de mí-, esa fue la respuesta de Manuel Bartlett a mi petición de una entrevista para un perfil biográfico sobre este polémico personaje. Su socio y amigo Ignacio Cobo fue el encargado de comunicarme la negativa de Bartlett. La petición la hice meses antes de las elecciones del 1 de julio de 2018 que le dieron el triunfo presidencial al tabasqueño Andrés Manuel López Obrador.

A petición de Cobo le hice llegar una serie de preguntas sobre los temas que me interesaba respondiera Manuel Bartlett, Nacho incluso me pidió el título del libro, yo le respondí que aún no lo tenía decidido pero le expuse que podría ser tentativamente “Los claroscuros de Bartlett”, donde pesaban más las sombras que la luz sobre el personaje.

Recurrí a Cobo a sabiendas de su íntima relación con Bartlett, la que luego me reconfirmó con una dedicatoria de puño y letra del propio Bartlett en el libro Juicio por daño Moral. Estudio de Caso La Caída del Sistema, en la que se lee: “Para Ignacio Cobo con cariño por los más de 50 años de amistad” y en seguida el nombre de Manuel Bartlett. 

En ese libro bajo el sello de editorial Porrúa, Bartlett se auto exonera del fraude electoral de 1988 que impuso a Carlos Salinas de Gortari en la silla presidencial.

El día de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos por la red yihadista encabezada por Osama Bin Laden, Ignacio Cobo desayunaba en el hotel Geneve de la Ciudad de México con el gobernador de Tabasco Manuel Andrade, los acompañaba el columnista Carlos Ramírez. Me sumé a la reunión justo cuando el segundo avión se estrellaba contra una de las Torres Gemelas de Nueva York. 

Después del ataque terrorista y concluida dicha reunión, ya en la sobremesa Cobo me confió su relación de amistad con Manuel Bartlett y me habló de algunos negocios inmobiliarios entre ambos en Tabasco.

Alquimista y malabarista, con más de seis décadas en la administración pública y el ejercicio del poder, Bartlett aprendió a caminar sobre las aguas turbias de la política. Con habilidad ha sabido revolotear y deslizarse fácilmente sobre la cresta de las olas por muy agitado que esté el mar y huracanado el viento. 

Desde sus inicios bajo la sombra del tabasqueño Carlos Alberto Madrazo comenzó a volar al ras antes y después de una tempestad. 

A la edad en que muchos de los políticos se “jubilan”, él comenzó a mostrarse más activo pese a que algunos le auguraban un mal tiempo. Tardíamente aparecieron rayos y truenos en el horizonte con un nuevo escándalo hasta poner en riesgo su presencia en el equipo del presidente López Obrador. 

Cuando el periodista Carlos Loret de Mola detonó el escándalo sobre las millonarias propiedades del flamante director de la Comisión Federal de Electricidad no me sorprendí de la denuncia periodística pues casi cinco lustros atrás el propio Andrés Manuel López Obrador había denunciado en su libro Entre la historia y la esperanza publicado en el año de 1995 por la editorial Grijalbo, los negocios inmobiliarios entre Bartlett e Ignacio Cobo, cuando el suegro de éste último, Mario Trujillo García desempeñaba el cargo de gobernador del estado de Tabasco (1971-1977).

En ese libro López Obrador denunciaba que durante el gobierno de Trujillo muchos políticos y empresarios aprovecharon para sumarse a los negocios de la urbanización de la ciudad de Villahermosa, capital del estado.

Escribió López Obrador en su libro:

“En ese sexenio, por hablar sólo de un negocio, los terrenos de Manuel Bartlett Díaz, que había heredado de su padre, Manuel Bartlett Bautista, fueron urbanizados de una peculiar manera.

“Bartlett hijo se asoció con el yerno de Trujillo, Ignacio Cobo, y ambos acordaron que éste se encargaría de introducir todos los servicios públicos (pavimento, agua, drenaje y energía eléctrica) y una vez concluido el trabajo se dividirían por mitad el nuevo fraccionamiento residencial Framboyanes.

“Así ocurrió, pero claro está que todas las obras de infraestructura se hicieron con cargo al erario”.

La revista Proceso consignaba la denuncia de López Obrador y arremetía aún más contra Bartlett a quien el propio AMLO acusaba de seguir actuando con plena impunidad como gobernador del estado de Puebla.

“Cualquiera que sea el escenario posible en el derrumbe del antiguo régimen político mexicano, lo cierto es que Bartlett en Puebla, (Patricio) Chirinos en Veracruz, (Rubén) Figueroa en Guerrero, (Roberto) Madrazo en Tabasco, (Víctor) Cervera Pacheco en Yucatán o (Ausencio) Chávez en Michoacán, están desatados, actuando con plena impunidad. Han tomado el federalismo como patente de corso para atropellar los derechos individuales y políticos de los ciudadanos”, escribió López Obrador.

En pleno escándalo por las denuncias de Carlos Loret sobre las propiedades de Bartlett, en una larga conversación telefónica le pregunté a Ignacio Cobo qué tanto se había enriquecido con el fraccionamiento Framboyanes construido junto con Manuel Bartlett. La respuesta fue que ambos se fueron a mitas, es decir al 50 por ciento para cada uno, pero que él desarrolló otros fraccionamientos más importantes en Tabasco, como Las Palmas y alguna plaza comercial. 

Cobo me contó entonces que él había logrado un importante patrimonio como contratista de Petróleos Mexicanos en el gobierno del presidente José López Portillo cuando el ingeniero Jorge Díaz Serrano fungía como director de Pemex. 

Era tan grande el proyecto de Pemex en Tabasco que Ignacio Cobo buscó al ingeniero Carlos Molina Rodríguez quien en la década de los cincuenta había sido el encargado de la Comisión del Río Grijalva y entonces se encontraba jubilado. La incursión de Cobo en ese negocio se enfocó en el proyecto industrial del puerto petrolero conocido como Dos Bocas, localizado dentro del municipio de Paraíso, construido por Pemex en 1979, iniciando operaciones en 1982 y el cual es uno de los puertos petroleros más importantes de México por sus volúmenes de carga y por el número de embarcaciones que atiende.

El mismo Cobo confió que también hizo negocios con Pemex en los puertos petroleros de Pajaritos y La Cangrejera. En ese entonces cuenta que Díaz Serrano le pidió personalmente que lo apoyara en esos proyectos. Además, Cobo contaba con el apoyo de su amigo el secretario de Hacienda David Ibarra Muñoz.

“Yo sí me dediqué a los negocios mientras Manuel Bartlett se inclinó más por la política”. Incluso, cuenta Nacho Cobo, Bartlett ya ocupaba un cargo importante en la Secretaría de Gobernación en el sexenio del presidente Luis Echeverría, allí comenzó el despegue de Bartlett en la política, dice Cobo al referirse a su viejo y entrañable amigo que muchos años después sorprendió a propios y extraños por el nombramiento como director de la CFE en el gabinete de López Obrador.

Una muestra de esa añeja amistad es la participación de Ignacio Cobo en la Fundación Casa de Las Mercedes fundada en 2001 y cual es presidida por Julia Abdala Lemus, la pareja sentimental de Bartlett. 

Cobo y Bartlett aparecen como fundadores de dicha fundación junto a otros conspicuos personajes como Ángeles Espinosa Yglesias, Claudia Colimoro Sarellano, Mauro Uscanga Villalobos y José Felipe Abed Rovanett.

De acuerdo a las declaraciones de Bartlett, la señora Julia Elena Abdala Lemus es su pareja sentimental desde el año 1999. Públicamente Bartlett ha dicho que ambos mantienen una relación de 20 años.

Bartlett conoció a Julia Abdala en 1999 cuando él recién concluía su gestión como gobernador del estado de Puebla y se alistaba para contender como uno de los cuatro precandidatos del PRI a la Presidencia de la República para las elecciones de julio del año 2000, en las que el sinaloense Francisco Labastida resultaría el abanderado priista.

Julia, quien había estudiado periodismo, se inició en el oficio como reportera en 1986 en el periódico El Heraldo de Puebla en donde tenía a cargo los suplementos especiales del gobierno, años después trabajó como conductora del Canal 40.

Su paisano Javier Moreno Valle la invitó a colaborar con él en la Televisora del Valle de México, quien ofrecía un servicio de noticias por televisión de cable luego de recibir en abril de 1993 la concesión del Canal 40 por una vigencia de 15 años, la cual se renovaría cada cinco años después del año 2008.

Hija del fabricante textilero Jorge Abdala, de ascendencia libanesa y de madre mexicana, Julia fue designada por Javier Moreno Valle como conductora del programa Realidades, cuyo conductor estrella era el periodista Ciro Gómez Leyva.

Realidades era un programa de entrevistas y de investigación que le brindaron un alto prestigio al Canal 40. 

Por ejemplo, Realidades transmitió en mayo de 1997 “Medio siglo, una historia”, un reportaje que recogió el testimonio de varios ex Legionarios de Cristo que fueron víctimas de un presunto abuso sexual por el líder de esa congregación, el padre Marcial Maciel.

A consecuencia de ese reportaje el Canal sufrió un boicot de un grupo de anunciantes encabezado por Lorenzo Servitje, del Grupo Bimbo, quien se dijo partidario de los Legionarios. La televisora no pudo levantarse del golpe económico que significó ese boicot.

Entre los ires y venires del Canal 40, Julia Abdala recibió en 1999 la encomienda de entrevistar a Manuel Bartlett como precandidato del PRI a la Presidencia de la República.

Como muchos periodistas que han sufrido la soberbia de Manuel Bartlett, a Julia le ocurrió lo mismo. En un principio después de entrevistarlo, a Julia no le resultó simpático; sin embargo, el político quedó flechado por la guapa e inteligente reportera. Después de quedar prendado Bartlett la buscaba con insistencia pero ella estaba casada y tenía hijos. Fue hasta que Julia se divorció en los meses siguientes cuando por fin estableció una relación con su flamante pretendiente que soñaba con ser presidente de México.

En la entrevista Bartlett le coqueteaba, el hecho de que ella estaba casada no le importaba. Él la colmaba de atenciones y ella sabía que el político le ofrecía un mundo abundante y estable, contrastante con la vida que llevaba en su matrimonio. Al poco tiempo le apostaron a un romance a sabiendas de que ambos mantenían dos modos de vida y una enorme diferencia de edades.

Antes de Julia, Bartlett mantuvo dos matrimonios. Su primera esposa fue Ana María Rodríguez Aldabe; después de divorciarse, contrajo segunda nupcias con Gloria Álvarez Miaja, con la que procreó a León Manuel y Alejandra. La señora Álvarez Miaja fue nieta de José Miaja Menant, famoso General Republicano del Gobierno español, refugiado en México desde 1939. 

Después de su segundo divorcio, Bartlett tuvo otras parejas pero fue Julia Abdala quien le robó el corazón.

Lo malo es que Julia llegó a los brazos de Manuel Bartlett cargada de deudas.

En el año 2000 apareció el nombre de Julia en una de las 73 hojas del informe del consultor externo Michael W. Mackey. Se trataba de la Lista Consolidada de Transacciones Reportables del Fobaproa.

Julia Abdala Lemus la deslumbrante novia de Bartlett aparecía en la lista negra del Fobaproa con un préstamo personal por 493 mil pesos otorgados de manera inapropiada por Bancreser.

Los malos manejos financieros acabaron con el banco que había sido fundado en 1945 en la ciudad de Monterrey por la familia Del Valle Ruiz, el cual les fue expropiado en 1982 cuando se decretó la nacionalización de la banca. En 1991 Bancreser fue asignado al empresario del autotransporte Roberto Alcántara Rojas, que lo presidió por nueve años. Ante su deteriorada situación, el IPAB asumió el control del banco el 3 de noviembre de 1999. Para sanear sus fianzas el gobierno le inyectó 112 mil millones de pesos y luego lo vendió en 2002 a Banorte en sólo mil 650 millones de pesos. Los especialistas afirmaron que "Bancrecer prácticamente se regaló al grupo regiomontano" al venderlo en menos del 1 por ciento de su capital contable.

Julia Elena no pagó la deuda que pasó ser parte de las estadísticas rojas del Fobaproa.

A partir de su relación con Manuel Bartlett, Julia constituyó su fundación Las Mercedes y comenzó a figurar en una activa vida social al lado de prominentes personalidades del jet set en las pasarelas de alta moda y en las sofisticadas fiestas de los ricos y poderosos.

No es que Julia provenga de una familia adinerada pues incluso su padre Jorge Abdala, que era un pequeño industrial en 1975, solicitó al gobierno del presidente Luis Echeverría apoyo fiscal para su empresa fabricante de ropa para equipos de futbol (calcetín, calceta y medias). El empresario solicitaba una reducción de 70 por ciento de los impuestos de la maquinaria de importación para la fabricación de sus productos textiles.

Lo cierto es que tras el escándalo desatado por las revelaciones del periodista Carlos Loret de Mola sobre las propiedades inmobiliarias y las empresas de su pareja y los hijos de Manuel Bartlett, para justificar el “éxito” empresarial de Julia se comenzó a señalar que ésta provenía de una familia prominente de empresarios.

Lo que es un hecho es que la familia Abdala ni siquiera figura en los grupos empresariales de las asociaciones poblanas. Los Abdala no aparecen en la nomenclatura de los cinco organismos empresariales más importantes del estado, que concentran a más de 8 mil afiliados, cuyos destinos, política y demás menesteres son dirigidos y controlados por pocas familias. Apenas poco más de 10 familias poblanas de origen español y libanés son las que a lo largo de los años han mantenido la hegemonía cupular entre el empresariado.

No obstante lejos de provenir de una de las familias prominentes de la clase empresarial, el sobrino de Julia Elena, Rodrigo Abdala Dartigues es el flamante Coordinador Estatal en Puebla de los Programas Federales del Gobierno de la República. Sin ningún mérito propio más que el simple hecho de haber sido el “secretario particular” de Manuel Bartlett, el joven Rodrigo no le regatea ni un ápice de poder al gobernador Miguel Barbosa, aunque el superdelegado tenga en contra a los casi 8 mil empresarios aglutinados en el Consejo de Organismos Empresariales (COE).

Como sea, Julia Elena desde que comenzó su romance con Bartlett pasó a convertirse en una prominente empresaria que se autoproclama como la coleccionista más grande del mundo de joyería de fantasía y una benefactora de las mujeres desprotegidas con su Fundación Casa de Las Mercedes que creó de la siguiente manera:

"Hice una lista de católicos, ateos, judíos, priístas, panistas, perredistas, empresarios. Seleccioné a Juan S. Millán (quien finalmente donó una de las casas para la institución), Adolfo Aguilar Zinzer (quien desde ese momento se convirtió en benefactor del lugar. Llegaba con cubetas y se ponía a limpiar la casa), Ciro Gómez Leyva (hasta la actualidad aporta mil pesos mensuales de su sueldo), Rolando Durán, Fernando Gómez Mont y su familia.

Cuenta Julia:

"Empecé en esta misión por el padre Manuel Zuvillaga. Una vez, cuando apenas me acababa de divorciar, le pedí a Dios que me orientara para ver en qué le podía ayudar a la gente. Esa noche en sueños escuché una voz que me decía ‘prostitución’. No se lo comenté a nadie, pero aquello me dejó impresionada. Pasaron tres meses y un amigo muy cercano al padre Zuvillaga me platicó de un proyecto del que nadie quería hacerse cargo. Sin pensarlo le dije que yo lo haría”.

Después de conocer a Claudia Colimoro, líder de las prostitutas y directora del proyecto, Julia tuvo la idea de organizar el bautizo de los niños de la casa. Esta sería su primera acción. Se lo comentó al padre y éste le respondió que estaba loca, que ningún padrino querría llevar a bautizar a los bebés de las niñas de la calle. Julia no se dio por vencida y se dedicó a impulsar el proyecto.

Para ello Julia ha contado con el apoyo incondicional de los amigos de Manuel Bartlett, uno de ellos Ignacio Cobo –de los más cercanos al magnate Carlos Slim Helú–, el amigo y socio de Bartlett a quien López Obrador se refirió en su libro Entre la historia y la esperanza como unos deshonestos por hacer negocios con dineros del erario público.

Ante las denuncias periodísticas del enriquecimiento desmedido de su familia, Bartlett se asumió como una “víctima” de una campaña mediática y obtuvo a su favor el respaldo presidencial, aunque más tarde que temprano el escándalo por la revelación de sus propiedades y empresas tendrá consecuencias. 

En el pasado Bartlett recurrió al poder de su cargo como secretario de Gobernación en el sexenio de Miguel de la Madrid para amedrentar y censurar al periodista Julio Scherer García por la publicación de un escándalo familiar de los Bartlett en la revista Proceso.

La historia la relató así el escritor y periodista Vicente Leñero:

“En (el libro) Los presidentes de Julio Scherer García, Julio y Enrique Maza relataron al alimón esta anécdota ocurrida en noviembre de 1983, cuando Miguel de la Madrid era presidente de la República y Manuel Bartlett fungía como secretario de Gobernación. Yo completo aquí ese relato desde mi punto de vista. Empiezo reproduciendo los párrafos iniciales que escribió Enrique para el libro de Julio, como antecedente de la historia:

“Hay en Venezuela, en San Diego de los Altos, Estado de Miranda, un lugar llamado Granja Hogar de los Peregrinos, donde vive una colectividad fundada por 1976 o 1977. Busca la comunidad una vida espiritual; desarrollar su propia conciencia, vivir de acuerdo con ella y “depender únicamente de la Voluntad Divina”.

Allí fueron a vivir cinco hermanos: Santiago, Germán, María Teresa, Juan y José Antonio Carter Bartlett, sobrinos del secretario de Gobernación, Manuel Bartlett­ Díaz, hijos de su hermana.

“Desde el 4 de noviembre de 1982, el matrimonio Carter Bartlett llegó a la comunidad a vivir con sus hijos. Su estancia allá duró 10 meses.

“A principios del segundo semestre de 1983, la hermana del secretario de Gobernación y su esposo regresaron a México para arreglar asuntos pendientes. Los acompañó Germán, quien contó, en testimonio publicado el 5 de noviembre de 1983 en El Nacional de Caracas, cómo la influencia y el poder de su tío transformaron a sus padres y los hicieron cambiar de idea. El matrimonio Carter Bartlett decidió no volver a Venezuela y sacar a sus tres hijos menores de la comunidad.

“El señor Carter viajó a San Diego de los Altos para recoger sus pertenencias y llevarse a Juan y a José Antonio, los dos menores de edad. Juan suplicó quedarse. El señor Carter cedió e hizo los arreglos legales y materiales del caso para dejar a Juan bajo la custodia de Santiago, el mayor. Y regresó a México con José Antonio.

“El primero de noviembre de 1983, la Dirección del Servicio de Inteligencia y Prevención (DISIP), policía venezolana, allanó el hogar, saltó los muros, penetró con violencia y sacó por la fuerza a María Teresa, de 19 años, y a Juan, de 17. Eran cinco funcionarios armados de la DISIP, acompañados por un agente especial. Fue “un atropello cometido por las autoridades venezolanas al ejecutar órdenes provenientes del gobierno mexicano”, denunciarían más tarde los hermanos.

“Confiscados sus documentos personales, María Teresa y Juan fueron deportados en un avión de Aeroméxico. Un funcionario de la embajada mexicana en Venezuela supervisó la deportación.

“Dolidos, furiosos contra sus padres y su tío omnipotente, María Teresa y Juan se acercaron a Enrique Maza, en las oficinas de Proceso. Le contaron su historia. Querían denunciar públicamente a Manuel Bartlett por abusos de poder”.

Parece que fue ayer. Manuel Bartlett en el ocaso de su vida continúa por la misma senda. Se confrontó con el periodista Carlos Loret de Mola por un nuevo escándalo familiar que involucra a sus hijos y a su pareja sentimental. 

Lo bueno para Bartlett es que tiene de su lado al Presidente quien le ha brindado todo apoyo de manera incondicional, aunque a ciencia cierta no se sabe si López Obrador estará dispuesto a pagar un alto costo político por defender a su ahora subordinado.

A Bartlett y López Obrador los une el desprecio por los periodistas críticos. Es el caso de Carlos Loret quien tuvo que salir de Televisa después de 18 años, luego de erigirse como un feroz crítico del gobierno de López Obrador. 

Loret puso bajo su lupa a Bartlett por su presunto enriquecimiento desmedido a través de su familia. La respuesta del funcionario, acompañada de adjetivos como “sicario del periodismo” en contra de Loret, por parte su vocero en la CFE, ha sido la siguiente:

"En cuanto a la Señora Julia Abdala Lemus, igualmente manifiesto que es económicamente independiente y que desde el ejercicio de sus actividades económicas legítimas y de negocios, sin ser servidora pública ha construido su patrimonio por méritos propios."

Así, en medio del escándalo Bartlett reveló que el presidente López Obrador envió una carta a todo el gabinete, “verdaderamente impresionante, en la que señala: no tengo familiares, no tengo hijos, no tengo compadres, aquí todos tienen que cumplir con la responsabilidad de mantener una conducta limpia y honesta”. 

Bartlett se ufana del respaldo presidencial. “Yo sé que ese apoyo está directamente relacionado con mi conducta, con la trasparencia de mis acciones e incluso, con mis antecedentes”.

Tatiana Clouthier, coordinadora general de campaña de López Obrador, tuvo un mal augurio y se lo dijo con claridad al Presidente: “para dirigir a la CFE había mejores opciones”. Por ese y otros desacuerdos la sinaloense se negó a ocupar la subsecretaría de Participación Ciudadana, Democracia Participativa y Organizaciones Civiles de la Secretaría de Gobernación. Tras rechazar la oferta de AMLO, optó por su cargo como legisladora como lo comunicó a través de su cuenta de Twitter:

“Ante especulaciones, inventos e incluso frotadas de mano aclaro: asumo cargo diputación por así ser lo mejor para la Patria y a mi familia; no hay telenovelas por escribir y sí cariño y trabajo de la mano con López Obrador”.

El presidente de la llamada “cuarta transformación” se aferró a la defensa del nombramiento de Bartlett y para acabar con cualquier discusión al respecto sentenció:

“Yo los entiendo, pero el pueblo votó para que haya un cambio verdadero y yo no voy a ser tapadera de nadie, no voy a ser alcahuete, yo voy a cumplirles a los mexicanos”.

En medio del fragor por el escándalo de las propiedades y empresas denunciadas por el periodista Loret, le pregunté a Ignacio Cobo, el amigo y socio de Bartlett, si él avizoraba una posible renuncia a la dirección de la Comisión Federal de Electricidad. Cobo me respondió:

-No lo creo. “Bartlett es un chingón”.
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*José Martínez M., periodista y escritor. Es autor de varios libros sobre el poder bajo el sello de la editorial Océano, entre ellos: Las enseñanzas del profesor. Indagación de Carlos Hank González. Lecciones de poder, impunidad y corrupción; Carlos Slim, Retrato Inédito; La Maestra, Vida y Hechos de Elba Esther Gordillo.